GUINDA DE LA ZONA

Cuelga ácida de las ramas contorneadas.

Resplandece húmeda invitando al bocado infinito, coquetea sutilmente entre lo dulce y lo agraz.

Su intenso aroma se sumerge majestuoso en la masa de una tarta, emerge, revolotea y embriaga con el perfume misterioso que va dejando.

Entra estilizada en la prensa de los jugos, se empapa, se adormece, se entrega, deja todos sus jugos a la vida para después envolverse toda en un manto blanco, en la olla.

De unas hechizadas llamas, toma cuerpo, se engrosa, se pone densa, su color sangriento achocolatado.

Perturba y se disuelve tibia sobre el pan de la mañana.

Guinda de la zona, te encuentro deliciosa, te respeto y te espero al llegar el verano, aún no me decido donde encontrarte, pero lo que tengo muy claro es que nunca quiero que me faltes.


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MOSQUETA PATAGONA

Casi casi no recuerdo cuando recién te conocí, ni siquiera sabía que existías, como a muchos me asustó tu espontáneo apareamiento, me inquietó el aroma de tu flor rosa, no sabía de dónde venía y se mezclaba con los otros aromas perturbadores del campo.

No pude creer el rojo de tu fruto firme, y me extasié al descubrir tus semillas y tus pelos.

Nadie me cree cuando hablo sobre tu aroma, de tus jugos, hasta que se deleitan en sus paladares contigo.

Eres tan versátil, tan única, tan sana, llenas mis pulmones y mis órganos con tu vitamina C.

Te encuentro fresca y gloriosa enrollada en un panqueque en la mañana.

No te asustes si te invito a mi mesa, me pareces atrevida y quiero compartirte, no te ruborices si te halagan y sorprenden con los versos, porque con la inocencia de
tu sabor, mejoras día a día suavemente mis momentos.


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CIRUELA TENTADORA

Te caíste de las ramas asombrada, el viento amenazaba la estabilidad de tus raíces y pensaste que nunca se haría realidad este vuelo.

Te recogieron tiernas las manos de "Las hormiguitas de Ibáñez" y te mecieron cálidamente hasta acunarte en la gran marmita roja.

Redonda, suave, olorosa, humeante, ácida y dulzona te bañas toda, vas vaciando lentamente tu pulpa anaranjada, porosa, gruesa, carnuda, te enloqueces con la blancura granulada del azúcar, te rindes y te mezclas desmayada.

Un día te encuentro entre los biscochos oscuros de la torta achocolatada, otro día estás sumergida en el postre de la tarde otoñal, mezclada con las pasas y nueces encantadas y al siguiente te has cristalizado fría en el helado sabor de una mezcla artesanal de leche de vaca.

Algún día te encontraré también inmaculada sobre la mesa de campo, lisa, azulada, presta y entregada, abierta en el tajo que deja la profundidad del cuchillo que te alza y te desrrazima completa, apetitosamente, sobre el pan amasado de las tempranas horas de la madrugada.

Ciruela roja, ciruela amarilla, ciruela albaricocada, no te rindas jamás de darnos tus sabores, quiero siempre tenerte derritiéndote dentro de mis gustos y que adormezcas mis sentidos con tu olor.


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SALMÓN AHUMADO

Silencioso, anaranjado y frío, tu cuerpo se llena de humo, las sales de tu interior se juntan apretadas.

Tu carne se adormece con ese olor a leña y recobra un sentido casi perdido en el tiempo.

Descansas fresco, ahumándote de punta a punta, rozando imperceptiblemente el ruido de la leña.

Te preparas suave, exquisito y mágico para el encuentro con la lengua deseosa de tu sabor, que te acoge, te paladea y te ama.

¿Quién no desea probar tu carne, salmón ahumado?, tan cuidadosamente elaborada… ¿Quién no quiere recordar los sabores de antaño en el presente y temblar de gusto de tus rincones salados?

Te pareces a la vida, llena de encuentros inesperados.

Descansarás pleno sobre un salteado de verduras frescas para subir profundo al degustar de nuestros bocados.

Nos harás traerte a la mente cada vez que en nuestra cena faltes y el color de tus encendidas carnes nos dejará una extraña sensación de haber podido contemplarte.


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ENCANTADORAMENTE ZARZAPARRILLAS

Las manos ágiles de Tato sólo los rozan, sus hojas amplias, puntiagudas, acanaladas, marcando surcos las cubren cómplicemente.

El suave desganchar de estas cascadas de rojizas uvas convergen apretadas dentro del ollón del "Jardín del bosque".

La cocina a leña impecable arde y entibia las mañanas dulzonamente, aparece una estela que llena los rincones de tu casa, te imagino en el pan, en el kuchen, en la masa, te imagino en el licor, en el jugo o en la salsa.

Te imagino enfrascada en una conversación sobre esta era, asomando tus ojos a los que te miran deseándote.

Incluso tu nombre exalta el pensamiento, los rubios del otro mundo apenas te pronuncian, sin embargo, te saborean y los embrujas con el desconocido sabor para sus paladares de consumo.

Así tan chiquitita, tan redonda, tan jugosa, tan poco pretenciosa, te cuelas en cada mesa de las casas y cada vez que no te encuentro siento una gran rabia.


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JARDÍN DEL BOSQUE

Todas las flores de tu jardín del bosque se parecen a ti, muy intensas, muy sutiles, muy frescas, muy sinceras, tan simples, en su belleza tan campestres, tan de la zona que me confunden y casi no las entiendo.

Como muchos las descubro y las encuentro, allí entremedio del pinar, en el bosque húmedo, en la tierra olorosa, cerca de tu casita de cuento, cerca de tu invernadero.

Se suben trepadoras a mi mesa, a mis muros, a mis cuartos, llenas de colores, de fantasía y de hadas.

Al palparlas frescas en el verano, me regocijo completa, con su encanto las traigo, las arreglo, las muestro, presento a cada uno su nombre de princesas, de magia.

Y se sorprenden al saberlos, los retienen en la mente todo el verano…. y el otoño, hasta que nuevamente se encuentran con ellas, aún tan delicadas, secas y colgadas con todos sus aromas escondidos reposando.

Flores del jardín, cuando las encuentro las retengo en mi memoria y las invito a acompañarme todos los días, en cada rincón de mi mirada.


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